Que te quiero, si. Que te miro y me desarmo, si. Pero no me puedo enamorar de alguien que comparte solo un beso y algo más, alguien que no toco cada sentimiento. Me elevo hasta el cielo para luego dejarme caer y golpearme. Y volver. Si quiero digo no, si quiero digo basta, pero eso es mi decisión y nadie tiene mi voz ni mi palabra. Es un acto suicida volver a abrazara lo que me lastimó, pero me arriesgo a sentir, sabiendo que después llega el dolor. Y yo no soy de las que ruegan besos, de las que caen rendidas a los pies de nadie. No por orgullo ni por cobarde, simplemente porque aprendí a no ilusionarme, y darles sin querer a alguien la debilidad, el poder de destruirme en un segundo.
Demostrar debilidad es darle el saber que como quiere, te arma y desarma a la vez.
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